Las enseñanzas atribuidas a Hermes Trimegisto, personalidad del antiguo Egipto y quien, según se cuenta, fue contemporáneo de Abraham (patriarca de los Hebreos), constituyen un sistema de axiomas articulados que para muchos son la base de un conocimiento trascendental que aplicado en la vida cotidiana trae consigo felicidad, contentamiento con la vida y, sobre todo, un sentimiento de unidad con el Todo.
Los axiomas atribuidos a Hermes han sido utilizados por distintas tradiciones propias del ocultismo, es decir, de aquel conocimiento que no es accesible para cualquier individuo, sino únicamente para el que, se dice, está preparado. Los postulados del hermetismo son base de muchas de las enseñanzas de la llamada masonería, corriente de pensamiento y modo de vida que está basado en principios para mejorar la convivencia de los hombres a partir de principios filosóficos.
Para todos es común la idea “Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba”. Su origen es el Kybalión y uno de los siete principios del hermetismo. En la vida práctica o bajo un enfoque epistemológico entendemos que toda expresión superior de la vida no es más que la representación de las formas inferiores o, más aún, nuestra justicia no es más que la expresión de nuestro estado natural de sociedad.
Pero los postulados de Kybalion tienen una pretensión de profundidad y de verdad mucho más lejos que la simple asimilación rápida de una idea. Se trata de una concepción de índole hermenéutico, porque pretende abarcar todos los significados y sentidos del universo, incluido el hombre como una infinitesimal y pequeñísima parte. De hecho, el primer axioma se refiere a que “Todo es mente; el universo es mental”. El Todo es el Ser universal, el Espíritu Absoluto y sólo es aprehensible por Él mismo; los seres humanos somos sólo pensamientos del Todo y vivimos por gracia de su pensamiento. Seríamos una especie de representación mental que por sí misma no piensa, no crea y sólo observa a través de Él.
Concebirse como un pensamiento del Todo, como un suspiro apenas del universo, no significa que los hombres no vivan su propia vida, ni que carezcan de preocupaciones u ocupaciones. Más bien representa una percepción de las cosas en un orden diferente al que usualmente tenemos. No es lo físico ni lo sensorial lo importante o significativo para el conocimiento. Sino que este se adquiere, según los discípulos de Hermes con la ayuda de un Maestro, pero con cierta predisposición al Todo, esto es, con una apertura devocional de que en verdad hay algo superior a los seres humanos por el cual nos conocemos y somos capaces de conocer.
De acuerdo al Kybalion, el Todo también es inmanencia y omnipresencia de lo universal en lo individual. Los hombres no son sino el desdoblamiento del Todo en una especie de energía de mayor densidad o más burda, idea que recuerda las enseñanzas de Ouspensky a propósito del Rayo de la Creación, en la cual todos expresamos o somos expresión del Todo, intuición similar a la tradición cristiana, que supone que Dios está en todas partes y, por ello, todos en alguna forma somos Dios.
Más allá de la difícil comprensión de este principio axiomático de El Todo, existen otros postulados importantes cuya naturaleza podría ser más accesible al entendimiento común, ya que El Todo sólo puede ser comprendido por El Todo. Entre ellos, está el principio de la correspondencia, como es arriba es abajo, cuya comprensión establece las relaciones entre los planos materiales, mentales y espirituales como parte de una misma cosa. Así también se encuentra el principio de la vibración referido al movimiento permanente de los tres planos, el material, el mental y el espiritual, y que señala expresamente que a mayor vibración se expresa el estado del espíritu y a menor vibración se expresan los estados de la materia.
También las formas del Espíritu expresan el principio de polaridad, es decir, todo tienen una doble expresión o dos polos antagónicos de uno mismo pero que, al igual que el frío y el calor, sólo son diferentes en grado. El Ritmo es otro axioma, en el sentido de que todo fluye y refluye o, de una manera distinta, todo se mueve como un péndulo, de un límite a otro de manera permanente, hasta que la intervención del individuo permite reducir el movimiento pendular de sus estados más burdos para habituarse en los más finos o espirituales.
Finalmente, existen otros dos axiomas, el de causa y efecto y el principio de generación. Respectivamente puede señalarse que a toda causa corresponde un efecto y viceversa y todo tiene un elemento masculino y uno femenino. En primer caso todo cuanto acontece sucede de acuerdo a una ley y la casualidad sólo es producto de una ley desconocida al intelecto; la causa última es El Todo. En el segundo caso, en todo subyace un principio de creación que atañe a los dos principios de generación y se expresa en todos los planos.
La compresión de los principios o axiomas del hermetismo conduce al sendero de la realización, a la posibilidad de trasmutar las expresiones de la materia en espíritu, a tener contentamiento con lo que ocurre y pasa pues todo deviene de una ley universal, la cual, es expresión de la voluntad del Espíritu Absoluto, de El Todo, cuya voluntad se expresa a través de su partes de manera incompleta hasta que, una vez identificada la senda, encuentra su destino y encuentro con el Todo.
Es pues el hermetismo una cierta forma de epistemología en el sentido de que le confiere al entendimiento un método para comprender su entorno (aunque en el fondo se trate de una anti-comprensión), le otorga una voluntad por conocer (aunque se trate de algo incognoscible) y le proporciona herramientas a manera de una teoría del conocimiento, cuya práctica es la observación y la atención divina (un observador que no se involucra con un mundo sensible que no es el real).
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